La posada era el sitio preferido de los viajeros que llegaban desde la provincia hacia la gran ciudad, la atención en ella era amable, con cuartos limpios y acogedores. El dueño de la posada se llamaba Manuel; era un hombre a todas luces simpático, dicharachero, buen conversador, ejemplar padre de familia, en fin un tipo del cual se podía confiar cualquier persona que acabara de conocerlo, enganchaba a los desconocidos con un verbo ágil y entretenido, Este fue el caso de Marilyn B, futura candidata a llenar con su presencia una de las habitaciones de la estancia. La chica, procedía de un pueblo olvidado de la provincia, un día le llegó como látigo certero la idea de ir a probar suerte en la ciudad; ya estaba hastiada de la rutina pueblerina, de su gente amable y de los días calurosos; que parecían abrasar su cuerpo y convertirlo en un estofado viviente. Ya decidida firmemente a alcanzar su propósito, recogió los pocos ahorros que tenía, la ropa que dobló con agilidad en la maleta y u...
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