Desesperado




Siento un frío que me cala los huesos, un dolor punzante que atraviesa mi estomago y lacera mis entrañas. Esta soledad y el dolor que siento me aterran. 

Camino como ciego asiéndome de los pocos muebles que me quedan, en esa sabana inmensa que es ahora mi casa.

Sigo caminando encorvado por el agudo dolor, casi sin brújula, sin destino, sin GPS que pueda salvarme.

Al fin la encuentro, frente a mí, a ella, con su frialdad imponente, esperando que acaricie sus brazos.

Alcanzo a tomar su abrazadera y abrir su puerta. Adentro, me espera la comida congelada que guardo desde su partida.

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