Siempre ella

Mañana fresca de Octubre. Ansioso de levantarme para estar con ella. Pasé directamente al baño a darme una ducha. El agua caía generosamente sobre mi cuerpo. Pensaba en todos los años en los cuales, ella había sido mi compañera fiel.
Me vestí y salí al comedor, la mesa estaba preparada, justo como para un rico desayuno. Mirándole, le dije
– Gracias por esperarme, siempre tan fiel y tan amable
Ella callada como siempre, permanecía en el mismo sitio de costumbre, ocupando su justo lugar en la mesa,
La volví a mirar y pensé en los años que llevamos juntos.
Y allí estaba ella, con una pose que acompañaba a su silencio.
Le eché una mirada por segunda vez, y alli estaba ella, con sus cuatro patas y su noble madera, esperándome como siempre en la mesa, desde hace diez años que no la tengo a ella.
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