En un atípico Día de San Valentín




Hoy caminando por la ciudad me encontré dos mundos diferentes, con caras diferentes. En uno, sentí la atmósfera muy densa, con rostros demacrados por el cansancio y tal vez con algo de odio acumulado. En la otra, vi gente alegre, todavía con los chistes a flor de labios y buscando afanosamente alguna que otra flor, alguno que otro ramo para regalar.

Dos realidades distintas en un día tan manoseado comercialmente, pero en el cual es común regalar flores, pensar en el amor y en la persona amada. Todo esto en una misma realidad que nos sumerge a todos, pero que tiene como fuente de salvación e inspiración, el genuino amor por tu país, el sentir ese arraigo por nuestras cosas, sin compararlas con otros mundos, con otras sociedades, sin necesidad de pisar a nadie, sin pensar que somos superiores a otros por el color de nuestra piel, por nuestra posición social o nuestro nivel académico. 

Un país se construirá en la medida que tras largos procesos se logre llevar educación, al que nunca la ha tenido, donde nunca ha llegado. Esto indudablemente resultará en la formación de mejores ciudadanos y mejores personas. 

Hoy, me di cuenta que debemos dejar el egoísmo a un lado y esto sucedió cuando caminé por la misma ciudad, en el mismo momento, pero con realidades distintas.

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