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Mostrando entradas de noviembre, 2016

Desesperado

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Siento un frío que me cala los huesos, un dolor punzante que atraviesa mi estomago y lacera mis entrañas. Esta soledad y el dolor que siento me aterran.  Camino como ciego asiéndome de los pocos muebles que me quedan, en esa sabana inmensa que es ahora mi casa. Sigo caminando encorvado por el agudo dolor, casi sin brújula, sin destino, sin GPS que pueda salvarme. Al fin la encuentro, frente a mí, a ella, con su frialdad imponente, esperando que acaricie sus brazos. Alcanzo a tomar su abrazadera y abrir su puerta. Adentro, me espera la comida congelada que guardo desde su partida.

LA LLAVE

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Todas las tardes solía recorrer  con rutinaria parsimonia el camino al parque. Este se encontraba no muy distante de la oficina donde me desempeñaba cono contador desde hacía unos cinco años. Esta rutina diaria venia acompañada en mis pasos arrastrados por el gris pavimento. Un manto de hojarascas teñidas de un ámbar ceniciento anunciaba a cualquier advenedizo que transitara por esas calles, la presencia del otoño. La brisa fresca de la tarde azotaba con deliciosa dulzura a mi rostro. Tras caminar unos cinco minutos llegaba al conocido banco del parque en el que me sentaba y estiraba mis larguiruchas piernas y los brazos  cual felino desperezándose. Después de esto me incorporaba y adoptaba una posición más correcta y saludable para mi espalda. Me gustaba observar a las personas que paseaban por el parque y preguntarme quienes serían, que sería de sus vidas en su cotidiano anonimato. Tan relajado y distraído estaba, que no había notado que una pequeñ...

El voyeur

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Inocente solía levantarse todos los días, con meridiana puntualidad a las cinco de la mañana. Desperezaba con felina manía su larguirucho cuerpo e incorporándose de la cama se dirigía al baño, donde tomaba una ducha, que le tomaba diez minutos. Una vez terminado el baño, salía de la ducha y con un movimiento veloz tomaba su toalla y se la colocaba-casi sin secarse- alrededor de la cintura. Salía del baño, con paso apresurado se asomaba a su balcón y dirigía su mirada hacia un punto del horizonte. Su mirada -apenas velada por una cortina mecida por el viento matinal- esperaba atenta y ansiosa la aparición de la vecina del edificio de enfrente. Ella todos los mañanas se vestía frente su ventana, con gráciles movimientos se secaba el cuerpo, después se vestía con elegante parsimonia. Luego se dirigía a un rincón del cuarto al cual Inocente no lograba visualizarla. Resultaba curioso, ya hacía cinco años que hacía esta rutina y no sabía nada de ella. Sus encuentros sólo se reducían a esa oj...

Extraño dolor

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Hace una semana que me duele terriblemente la espalda. He tomado sin prescripción médica algunos fármacos para aliviar tan tremendo dolor. Los fármacos han hecho que se produzcan en mi, alucinaciones y sueños que escapan de la realidad de este mundo. Hace una semana que a pesar de sentir una paz interna, como nunca antes había sentido, me inquietan visiones que se anticipan a este tiempo y proyectan en mi mente visiones de cosas por venir. Hace una semana que ese dolor lacera mi espalda, como asolada por la acción del látigo del verdugo sobre el condenado. Con el dolor punzante sobre mi espalda adolorida, sólo pienso que este pase, que pase pronto. Mientras y como burlona paradoja, el estado de paz en mi persiste y eso me reconforta de tanto sufrimiento. Hace una semana que comencé a ver al mundo de otra forma, con sus cosas bellas y otras no tanto, a comprenderlo un poco más, a darle un poco más de sentido a mi misión en la vida. Hace una semana que les di meno...

Ella

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  Está de pie. Su mirada se pasea por ese bello y desnudo cuerpo que tantas veces lo ha cobijado. Se pasea por su cabellera, que algo desordenada implora la presencia de algún cepillo de cerdas para ordenarla. Su espalda de una nívea blancura, refleja la palidez de una luz mortecina que apenas llega a cubrir toda la estancia. Su mirada recorre con ojos titilantes sus piernas, poderosas murallas, que como columnas han sabido a través de estos años, de estos cortos años, soportar su grácil silueta. La mira toda, extasiado todavía a estas alturas de la vida, ante tanta belleza. La mira otra vez y vuelve de nuevo a la realidad. Recuerda que debe llamar con urgencia al forense para retirar su cuerpo.

Bilbao

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EL INMIGRANTE Llegó a Venezuela a finales de la década de los 50, en plena dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, en la oleada de ciudadanos de toda Europa, pero principalmente de la península Ibérica que en la búsqueda de nuevos horizontes habían decidido cruzar el gran charco, con sus sueños y sus maletas a cuestas, para establecerse en la América, la lejana y misteriosa, la prometedora, la cautivadora, la misteriosa América. Su nombre era Antxo, era de una corpulencia que no hacía juego con su pequeña estatura. Hombre de modales toscos, sabía lo que era ganarse la vida con el sudor de su frente. Se había casado muy joven con Rosario, una bella joven de grácil figura que conoció en su pueblo natal y que le robó el corazón desde la primera vez, desde esa bendita primera vez que la vio caminando por la plaza, aquella que distaba a pocas cuadras de su casa. Desde ese primer día, no pasó mucho tiempo para que Antxo se hiciera novio de Rosario. Ya a los seis me...

MI amigo Andrés

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Le llamaban “Gertrudis” así solían decirle. Era larguirucho y con la piel casi violácea, que reflejaba su origen africano. Era el motivo de burla de los muchachos del barrio, que con sus chanzas tomaban por asalto a Andrés, que era su verdadero nombre . Desde que lo conocí, me hice su mejor amigo. Recuerdo cuando yo llegaba a casa con la ropa sucia y los nudillos rotos por defenderlo. Pero un día, ya cansado de las peleas que a diario tenía, pensé que esa no era la solución. Decidí ser líder y mis palabras anunciaron el fin del hostigamiento contra Andrés.

El hacha vikinga

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Max tiene horas sentado en la mesa de dibujo. Hace un buen rato que dibuja un hacha vikinga. No busca referencias fotográficas de tipos de hachas, el sólo quiere dibujar una que soñó esa madrugada. La espalda le duele, pero siente que debe terminar el dibujo ese mismo día. Como una vorágine que lo toma por asalto, toma el lápiz y con una extraordinaria rapidez termina los últimos detalles. Los ojos le pesan. Su cuerpo cansado sucumbe ante el sueño. Despierta, horrorizado observa como el blanco papel se ha teñido de rojo y la mano que dibuja, ya no está.

¿Qué tienen tus ojos?

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¿Qué tienen tus ojos, que al amor invitan? Son como tibias brasas que acarician Qué tienen tus ojos, que me miran Son como dos faros que a mi barco guía ¿Qué tienen tus ojos? Qué hasta en sueños Los siento como si míos fueran Qué tienen tus ojos, que me besan Porqué no sólo tus labios besan Tus ojos cuando miran embelesan Si los cierras en un instante Son como luceros distantes. ¿Qué tienen tus ojos que acarician? Será el rumor de olas de un mar bravío O será la suave brisa de otoño Que sopla y acaricia mi rostro ¿Qué tienen tus ojos, que se han vuelto míos? Sin ellos no puedo ver amaneceres Con sol radiante en el poniente No puedo ver las estrellas Que te adornan y hacen bella.

Sólo para tus ojos

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I De repente del sueño desperté Allí estaba yo al fin, frente a ti Después de tanta espera Después de tantos sueños que se interrumpían al despertar Te miré a tus verdes ojos Tú miraste a los míos Una conjunción de planetas Se alineaba en ese momento Te tomé las manos por vez primera El calor de las mías traspasó el de las tuyas No soñaba ya, la luna llena iluminaba Nuestros cuerpos La noche anunciaba tempestad, Tempestad de aguas de lluvia rebelde Tempestad de océanos de pasión Tus ojos miraron a los míos Y viste el crisol del más puro relámpago Yo al ver los tuyos descubrí el centro del universo El sonido de las olas del mar ocultaba mis susurros II Al son de una música embriagadora Nuestros cuerpos seguían su cadencia Los susurros se transformaron en te quieros La respiración se tornaba acelerada Y la luna seguía iluminando nuestros cuerpos Dos cuerpos que estando tan juntos Parecían uno sólo Dos cuerpos que se buscaban,...

La despedida

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Hoy me desperté soñando que besaba tus mejillas Tan próximo era ese beso a tus labios Que no se si era de amor O quizás de despedida Solo recuerdo tus ojos que con gélida mirada envió un mensaje a los míos crónica de una muerte anunciada con avíos de despedida

Una sutil y cruel transparencia

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Despierto tras la resaca de una borrascosa noche anterior. Siento mi cuerpo, más no me veo, pienso que es el resultado del vapor etílico que aún exuda mi piel y que nubla mi mente. Mi cuerpo sólo lo cubre una sábana blanca que sus pliegues denuncian. Me incorporo súbitamente y me desprendo de esa tela que me protege de mi desnudez ¿pero cuál desnudez? – me pregunto- Aunque ya la sabana no cubre mi cuerpo, todavía no consigo verme. Me río con una carcajada nerviosa que llena la estancia. Me enfrento al espejo y la carcajada anterior se convierte en atroz miedo. Estoy frente al espejo, pero todavía no me sigo viendo. Quiero volver a ser visible y no puedo. Quiero dormir y despertarme de esta cruel realidad, quiero dormir y despertar para saber que aún existo.

Los sutiles velos del amor

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Jaime era un empleado de la tienda por departamentos más grande de la ciudad. A los ojos de los clientes era un vendedor simpático y muy amable, que siempre les brindaba una gran sonrisa de marca de dentífrico, a los clientes que a diario concurrían a la tienda. Siempre iba vestido con su infaltable corbatín y camisa de impecable blancura. Llevaba en la tienda seis años, de los cuales dos, los había pasado como ayudante de almacén, para luego pasar al departamento de ropa de damas y caballeros. En el almacén se desempeñó con esmero y con singular eficiencia, manejando la mercadería que entraba a la tienda y su final disposición en las estanterías. No sólo preparaba en el almacén la ropa, sino que tenía que disponer y dejar prestos para las inmensas vitrinas, decenas de maniquís, que vestían los modelos de última moda que llegaban a la tienda desde diferentes partes del mundo. En los pocos momentos que tenía libre, se pasaba piropeando y cortejando con miradas furti...

El mercader de ilusiones

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Escribía y escribía. Sólo no lo hacía cuando su alma estaba en suspenso, como en una especie de shock prolongado. Escribía y volvía a escribir, sentía al escribir que era poseedor del Universo, amo y señor de las bestias, amo y señor de voluntades y conciencias. Su cuerpo ya viejo y con la espalda transformada en una especie de garabato, lo hacía ver como una extraña figura. Ya casi no salía, se sentaba en la silla, como una gárgola viviente sobre su máquina de escribir. Cuando acababa con las blancas hojas, se disponía a buscar otras en su viejo armario de madera apolillada. Sus pasos eran lastimeros, por el chirriar de sus viejas zapatillas sobre el vetusto piso, que hacían juego con esa figura torcida. A cada paso que daba parecía que su espalda, a semejanza de una bisagra oxidada, emitiera sonidos que acompañaran como orquesta a ese andar pesado. En su juventud había sido redactor de noticias de una revista especializada en temas científicos y de salud. Su aho...

En un atípico Día de San Valentín

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Hoy caminando por la ciudad me encontré dos mundos diferentes, con caras diferentes. En uno, sentí la atmósfera muy densa, con rostros demacrados por el cansancio y tal vez con algo de odio acumulado. En la otra, vi gente alegre, todavía con los chistes a flor de labios y buscando afanosamente alguna que otra flor, alguno que otro ramo para regalar. Dos realidades distintas en un día tan manoseado comercialmente, pero en el cual es común regalar flores, pensar en el amor y en la persona amada. Todo esto en una misma realidad que nos sumerge a todos, pero que tiene como fuente de salvación e inspiración, el genuino amor por tu país, el sentir ese arraigo por nuestras cosas, sin compararlas con otros mundos, con otras sociedades, sin necesidad de pisar a nadie, sin pensar que somos superiores a otros por el color de nuestra piel, por nuestra posición social o nuestro nivel académico.  Un país se construirá en la medida que tras largos procesos se logre llevar edu...

El crítico

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  Siempre acudía a su escritorio y se sentaba a primeras horas de la mañana a escribir. Le gustaba hacerlo, sentía un goce supremo cuando deslizaba el papel blanco sobre la vieja “Underderwood” y comenzaba a escribir en una especie de paroxismo, que sólo se detenía cuando su mujer, una robusta y mal encarada figura, se aparecía en el umbral de su biblioteca y le aproximaba, la taza de café y los bocadillos que conformaban su desayuno diario. Hacía crítica de arte, como amante del arte le gustaba escribir sobre él. Lo hacía a menudo con el conocimiento que da el estudio sistemático de un tema; pero también con la saña asesina, que le producía su frustración, por no haber sido un artista de fama y éxito. Sus escritos eran tan malintencionados, que se convertían solo en mediocres panfletos reaccionarios que vomitaban su frustración sobre los artistas, que ante sus ojos, eran realmente buenos y que ya su fama se paseaba libremente, por los corrillos del mundo d...

El hacedor de letras

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No soy arquitecto de las letras Aunque en sueños las imagine Soy obrero de las palabras Que con mi espátula embadurno con cemento gris blancas páginas de paredes vacias antes que el olvido las disuelva No soy arquitecto de las palabras Aunque a veces las diga Soy obrero de la prosa y la poesía Que con mi cepillo y lija Voy quitándole asperezas Para dejarlas bonitas Y así otros las vean

¿De qué color es la lluvia?

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La lluvia, de qué color es ella? Es de color gris como el pavimento que moja Es del color de cristales que la hace bella Es del color de tu mejilla que sonroja Es del color del trueno y la centella De qué color es la lluvia en la ciudad ? Es del color de gente que de ella huye Es del color de viento y tempestad Es del color del agua que por ella fluye La lluvia de qué color es ella ? Es de color esperanza como su gente Es de color del cielo que lo ilumina su estrella Es del color de la secante y la tangente De qué color es la lluvia en la ciudad ? Es del color de niños que juegan sin descansar Es de color de sus ropas que exhalan humedad Es del color de sus juegos a medio terminar

Este mundo loco

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Vivimos en una época de contradicciones, de valores transformados en los llamados “anti valores”. Una sociedad que nos empuja hacia el consumo y al seguimiento de estereotipos. La mujer que se pudre por dentro, para estar bella por fuera. Los padres que no atienden a sus hijos y le dan dinero para que se diviertan; pero lejos de ellos. Su excusa es la falta de tiempo. Los gimnasios atiborrados de gente y las bibliotecas vacías. El culto a la tecnología que nos aleja de los cálidos abrazos y de la conversación llana y sincera. Los hogares donde ya no es habitual sentarse a la mesa en familia. La formación de ídolos de pies de barro. El amor expresado por cuanto tienes, cuanto vales. En la medida de que tengas más, recibirás “más amor”. Empresarios sin escrúpulos que fabrican bienes de consumo, con productos nocivos a la salud, sin importarle un bledo el daño que le hacen al ambiente. Todo en aras de maximizar las ganancias. La superproducción en el planeta de bie...

No soy lo que tu sueñas

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Mujer, no soy lo que tu sueñas Soy loco bohemio que pinta ilusiones con su pincel en diestra Soy loco pintor que pinta sus sueños en noches de estrellas Soy loco poeta guerrero que no lleva fusil sino el lápiz a cuestas Soy loco amante en noches de luna llena soy Arlequín que hace piruetas Soy loco enamorado en noches sin estrellas soy escultor que hace siluetas Soy solo un hombre que ama soy soñador que sueña en tu almohada Mujer no tardes, porque el sueño es corto y el frío llega

Siempre ella

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Mañana fresca de Octubre. Ansioso de levantarme para estar con ella. Pasé directamente al baño a darme una ducha. El agua caía generosamente sobre mi cuerpo. Pensaba en todos los años en los cuales, ella había sido mi compañera fiel. Me vestí y salí al comedor, la mesa estaba preparada, justo como para un rico desayuno. Mirándole, le dije – Gracias por esperarme, siempre tan fiel y tan amable Ella callada como siempre, permanecía en el mismo sitio de costumbre, ocupando su justo lugar en la mesa, La volví a mirar y pensé en los años que llevamos juntos. Y allí estaba ella, con una pose que acompañaba a su silencio. Le eché una mirada por segunda vez, y alli estaba ella, con sus cuatro patas y su noble madera, esperándome como siempre en la mesa, desde hace diez años que no la tengo a ella.

El taciturno y su taxi de turno

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Juan era un personaje de mirada triste y profunda, se desempeñaba como maestro pastelero, en una concurrida pastelería, cercana a la única plaza, que marcaba el centro del pueblo. Su vida transcurría en una sucesión de imágenes que se desplazaba de su casa a la pastelería y de esta a su casa, sin más variación de la que tomara el tiempo del viaje en bus hacia su trabajo. De noche se desplazaba por las polvorientas calles del pueblo, en un viejo Chevrolet año 1958. Con él, se dedicaba a ofrecer sus servicios de taxi en su mayoría a turistas y a mujeres de las que esa sociedad pueblerina llamaba “de la vida alegre” y alguno que otro parroquiano trasnochado con vapores etílicos humeando por su cuerpo. Entrada la madrugada, regresaba a su casa, cansado y con demasiado sueño, para caer profundamente dormido, apenas su cuerpo tuviera contacto con la cama. No tenía familia conocida, con apenas días de haber venido a este mundo, había sido encontrado en un basu...

La búsqueda

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  Mujer, en mi intento por encontrarte, no supe de comas, de puntos seguidos, ni puntos y aparte, no supe de puntos suspensivos. No supe de pausas, ni de signos de interrogación, fui analfabeta del amor hasta amarte.  Cuando lo hice, comencé a usar las pausas,  los signos de exclamación y los puntos y seguido, supe cómo escribir una historia, como hacerla poesía, sin puntos y aparte Mi deseo de amarte va más allá de la razón, del prejuicio, de voces agoreras que dicen que no, para convertirse en una bella locura que me devolverá la razón