EL FACSÍMIL



Llegó a la ciudad con un pasado inexistente, eso debía ser así, atrás dejaba historias un tanto oscuras vividas en su pueblo natal. Ahora no era el momento de recordarlas, para él comenzaba un ciclo que debía cerrarse sólo cuando lo decidiera o cuando las trampas del destino así lo ordenaran. Una vez instalado en una pensión modesta, ubicada en los límites de la ciudad, que compartía con anodinos personajes, acostado en la cama, se dedicó a trazar un plan maestro, que le daría un vuelco definitivo a esta segunda parte de su vida. Debía ser certero y no complicarse mucho, tomó el diario y buscó de forma automática los avisos clasificados, sus ojos deambulaban frenéticos, buscando en ellos la sección de los románticos y de amistad. Con un marcador iba seleccionando aquellos avisos que le parecían más acordes para sus fines, de la sección escogió diez sin darle orden de importancia. Tomo unas tijeras y fue recortando uno a uno los avisos que antes había marcado, los recortó y los guardó en su agenda. Cansado del largo viaje se dispuso a tomar un reparador sueño, lo que consiguió no sin antes hacer un repaso de lo que lo había traído a la gran ciudad.

El trinar de pájaros y un incesante corneteo de vehículos en la calle cercana a la posada, le indicaron que las horas de sueño habían concluido y que debía estar presto para actuar sin dilaciones en lo que lo había traído a donde estaba. Se incorporó de la cama con un brusco movimiento y decidió tomar un refrescante y reparador baño. Bajo la regadera, sucedían múltiples imágenes en su mente de ese pasado que correspondía a otros espacios de su vida, que ahora debían ser suplantados , sin fallos ni errores. Se vistió y de inmediato, apenas con un sorbo de amargo y caliente café, tomó la agenda que reposaba sobre la mesa de noche y pasando con velocidad las paginas, extrajo los recortes que el día anterior había marcado y guardado. Fue leyéndolos uno a uno y luego como escogiendoo una carta al azar, se decidió por uno que lo firmaba una tal Julieta. La mujer en el aviso decía que buscaba compañía por encontrarse viuda desde hace dos años, que contaba con treinta y cinco años de edad y buscaba desesperada el amor de su vida- buen prospecto- musitó en voz baja. Tomó el teléfono y decidió no perder más tiempo, marcó el número que salía en el clasificado y tras una corta espera, lo atendió una dulce voz de mujer, tras hablarle del motivo de su llamada, acordaron una cita para conocerse el día siguiente en horas de la tarde, él le dio su dirección y con una sonrisa entre irónica y de satisfacción colgó el teléfono. La tarde de ese día salió a las tiendas del centro de la ciudad a realizar unas compras de cosas que necesitaba para el día siguiente y para los próximos en los cuales permanecería en la ciudad.
Llegó la cita y con ella, la excitación que se reflejaba en un movimiento nervioso de sus manos que hacia retorcer sus dedos en un caótico rictus, la vuelta a otros tiempos parecía estar presente. Aguardó con ansiedad y apareció esa extraña sonrisa que acompañaba a su rostro cuando se acercaba ese momento. Llegando la hora acordada, sabía que estaba presto, cuando oyó el toquido en la vieja puerta de madera, se incorporó de la silla en la cual estaba sentado y se dirigió hacia la puerta de la habitación. Abrió la puerta y se encontró con la visión angelical de una atractiva mujer, de exquisitas formas y que con la misma voz dulce que antes había escuchado por teléfono, le dijo:

- Hola soy Julieta, la del aviso- con un rostro que hubiese doblegado al más cruel de los tiranos.

Él la miró con la cara transformada en una extraña mueca de satisfacción y de sorpresa, le respondió:

- Bienvenida, te esperaba con ansiedad.

Cuando ella entró, él cerró la puerta con llave y volvió a mostrar esa sonrisa irónica que acostumbraba acompañar a su gentil rostro otras tantas veces.




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