El año sabático de la musa
Me duelen las palabras perdidas, las letras cernidas que se ocultan tras el anonimato del olvido, las fugaces momentos donde brillan las buenas ideas, que se esfuman y desaparecen ante nuestra vista, yéndose tan rápido como aparecieron.
Es bueno escribir y que a uno le guste lo que escribe; pero a ratos suele llegar el cansancio producto de leerse tantas veces. Hace falta la mirada curiosa y escrutadora del mirón que furtivamente y a ratos casi accidentalmente, tropieza con nuestros escritos, algo comentará para sus adentros, con momentos alternos de grandeza y decadencia va deshojando poco a poco, lo bueno y lo malo del escrito.
Escribo para mi en primer lugar; pero suelto la hoja que desprendida se la lleva el viento, cayendo en manos anónimas para mi, que se deciden a fisgonear un poco sobre esas palabras que a ratos le pueden parecer estériles, pero que quizás con el tiempo logre comprender y descifrar el acertijo que ellas encierran.

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