El año sabático de la musa



Que malo es no tener nada que escribir. Tras una sequía de tres meses sin postear nada para el blog, lo primero que se me ocurre escribir es sobre que no he escrito ultimamente casi nada. Tantas cosas vistas, tantas vividas, tantas imaginadas y todas, absolutamente todas se van por el estercolero de las ideas muertas y estancadas.

Me duelen las palabras perdidas, las letras cernidas que se ocultan tras el anonimato del olvido, las fugaces momentos donde brillan las buenas ideas, que se esfuman y desaparecen ante nuestra vista, yéndose tan rápido como aparecieron.

Es bueno escribir y que a uno le guste lo que escribe; pero a ratos suele llegar el cansancio producto de leerse tantas veces. Hace falta la mirada curiosa y escrutadora del mirón que furtivamente y a ratos casi accidentalmente, tropieza con nuestros escritos, algo comentará para sus adentros, con momentos alternos de grandeza y decadencia va deshojando poco a poco, lo bueno y lo malo del escrito.

Escribo para mi en primer lugar; pero suelto la hoja que desprendida se la lleva el viento, cayendo en manos anónimas para mi, que se deciden a fisgonear un poco sobre esas palabras que a ratos le pueden parecer estériles, pero que quizás con el tiempo logre comprender y descifrar el acertijo que ellas encierran.

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