EL AMOR Y EL DOLOR
Nuestra concepción de ese mundo rosa nos lleva a sufrir nuestras primeras derrotas, un avance nuestro, puede significar un retroceso de la persona amada, se trata de que los espacios no se invadan, que la personalidad de cada quien fluya y no se apodere, ni se convierta en un clon de la otra. Esta dualidad que esperamos encontrar convertida en una sola imagen homogeneizada, nos lleva a percibir un mundo irreal y que muchas veces puede compararse con la visión del personaje que va errante por el desierto, con mucha sed y que de pronto ve un oasis el cual irremediablemente lo sacará de ese estado en el cual se encuentra, El oasis viene siendo lo que esperamos de la otra persona, lo que sentimos que nos producirá placer y provecho, es el agua que en forma de amor y de pasión saciará nuestra sed.
Los malos entendidos, los roces, las disputas son los signos que presagian pequeñas despedidas y que muchas veces la visión obnubilada de la cual somos presos, no nos deja vislumbrar. Demasiada tensión a la cuerda la hace susceptible de romperse, el amor no puede ser catalogado como un producto o receta farmacéutica que tiene dosis fija, debemos dejarlo fluir y navegar por el sin esperar que nuestra nave remonte a mayor velocidad de la que humanamente es posible, si recordamos esto, habremos vencido al dolor y podremos amar con suficiente libertad que nos permita remontar las alturas y dejar nuestra nave para convertirla en un cohete, que salga de la atmosfera cotidiana en la cual estamos sumergidos.
Amar duele, solo si esperamos del amor cosas que resultan tediosas e imposibles de realizar entre un hombre y una mujer. Recordar que si sufrimos, no tendremos tiempo suficiente para conocer el verdadero significado del amor, saber también que si un amor se ha ido, es que sólo fue un pasajero de ese tren, que ambos en un momento determinado de la vida, abordaron juntos y si se bajó a destiempo de él, es que no llevaba el mismo rumbo.
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