MI PAPÁ DE AYER





Mi papá de ayer cruzó muchos caminos para traer el pan a casa, cruzó muchos aguaceros de esta alocada ciudad para darnos techo, cruzó muchas callejuelas andando en su dragón de dos ruedas para darnos educación, tragando mucho hollín y aguantando estoicamente ráfagas de viento y también sol inclemente, tragó mucho polvo del camino para vernos una sonrisa en el rostro.

Mi papá de ayer fue un hombre de gran inteligencia y aptitudes más allá del estándar que deambula entre nosotros y que a veces le rendimos pleitesía. Mi papá de ayer nos motivó al estudio y a la lectura, con su ejemplo nos descubrió el velo de la curiosidad por aprender siempre cosas que elevaran nuestro espíritu e intelecto.
Mi papá de ayer tenía la claridad meridiana para los pequeños y grandes inventos, aquellas pequeñas cosas que el común de los mortales no atisba a vislumbrar en la cotidianidad de sus vidas.

Mi papá de ayer tenía siempre a flor de labios la anécdota simpática y también triste de una niñez en la Caracas de los techos rojos, los personajes que desfilaban por el hilo de sus relatos eran sus recuerdos, sus vivencias y producían en nosotros sus hijos, alguna que otra explosión de hilaridad.

Hoy queda el recuerdo de ese gran y buen hombre que es mi padre; ya sus facultades no son las mismas de otros tiempos, hoy está presente ante mí, su ejemplo de hombre honesto y trabajador, que con un pequeño batallón de hijos que educó, alimentó y vistió supo sortear las dificultades que tiene la vida.

Hoy papá quiero decirte que te amo y que te comprendo, que ya no quiero seguir jugando a ser el juez para juzgar tus errores o tus explosiones de humor que tolerábamos de mala gana.

Hoy papá quiero que Dios premie la tarea encomendada y que te permita lograr la paz y serenidad que cubra tu ancianidad. Te reitero, hoy y a través de los tiempos mi amor por ti.

Tu hijo

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