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Mostrando entradas de febrero, 2010

EL FACSÍMIL

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Llegó a la ciudad con un pasado inexistente, eso debía ser así, atrás dejaba historias un tanto oscuras vividas en su pueblo natal. Ahora no era el momento de recordarlas, para él comenzaba un ciclo que debía cerrarse sólo cuando lo decidiera o cuando las trampas del destino así lo ordenaran. Una vez instalado en una pensión modesta, ubicada en los límites de la ciudad, que compartía con anodinos personajes, acostado en la cama, se dedicó a trazar un plan maestro, que le daría un vuelco definitivo a esta segunda parte de su vida. Debía ser certero y no complicarse mucho, tomó el diario y buscó de forma automática los avisos clasificados, sus ojos deambulaban frenéticos, buscando en ellos la sección de los románticos y de amistad. Con un marcador iba seleccionando aquellos avisos que le parecían más acordes para sus fines, de la sección escogió diez sin darle orden de importancia. Tomo unas tijeras y fue recortando uno a uno los avisos que antes había marcado, los recortó y los guardó...

TREMENDO DELIRIO

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Tras periodos de sequía en mi garganta diviso seres grotescos que atormentan facsímiles humanos que mis ojos inventan sucesión de imágenes que mi cuerpo aguanta. La cerca invisible de mi prisión instantánea mantiene a mi mente y cuerpo prisioneros Navegando inerte en la cloaca subterránea, de momentos perdidos y lastimeros. Voy como un autómata con brújula perdida Buscando la vida que no tiene dirección arrastro mis pasos como bestia herida ahora mismo me tengo compasión. Busco los oasis de etéreos manantiales que calmen la sed que quema mis entrañas vertiendo el contenido en los cristales que otrora conseguía en las mañanas. Donde estas sagrada Diosa que viéndote no te puedo alcanzar para mi eres la musa más preciosa ahora sin ti me siento fracasar. Estoy enterrado en la arena del desierto y no consigo saciar la sed de mi garganta Pienso que sin ti estoy muerto cuando veo a mi otro yo que se levanta.

LA INQUILINA

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La posada era el sitio preferido de los viajeros que llegaban desde la provincia hacia la gran ciudad, la atención en ella era amable, con cuartos limpios y acogedores. El dueño de la posada se llamaba Manuel; era un hombre a todas luces simpático, dicharachero, buen conversador, ejemplar padre de familia, en fin un tipo del cual se podía confiar cualquier persona que acabara de conocerlo, enganchaba a los desconocidos con un verbo ágil y entretenido, Este fue el caso de Marilyn B, futura candidata a llenar con su presencia una de las habitaciones de la estancia. La chica, procedía de un pueblo olvidado de la provincia, un día le llegó como látigo certero la idea de ir a probar suerte en la ciudad; ya estaba hastiada de la rutina pueblerina, de su gente amable y de los días calurosos; que parecían abrasar su cuerpo y convertirlo en un estofado viviente. Ya decidida firmemente a alcanzar su propósito, recogió los pocos ahorros que tenía, la ropa que dobló con agilidad en la maleta y u...