EL SOLDADITO MEDIEVAL
El mundo de mis juguetes cuando niño, era fascinante, me sumergía en la sencillez de los mismos, sin más preámbulo que el del niño que se encierra en su mundo para escapar de la realidad, esa dura realidad que suele golpearnos; sin preguntarnos siquiera, si somos felices recibiéndola. Entre todos los juguetes que poseía, el soldadito medieval era el preferido, un cruzado que tenía un yelmo que le cubría completamente la cabeza y una armadura a manera de peto y en uno de sus brazos un escudo. Este soldadito libró muchas batallas entre anacrónicos compañeros de batallas; quienes se sometían a la valentía y el coraje de este pequeño pescador de sueños y gallardo conquistador de simpatías. En la soledad de mi cuarto, cualquier cobija servía de pretexto para armar un paisaje, donde infinidad de soldaditos de maneras y formas bien disimiles, libraban las más duras batallas, donde se enfrentaban el bien y el mal, dicotomías encontradas que se representaban en ese monologo infantil, lo mejor ...